Una histerectomía extirpa el útero, y el suelo pélvico pierde una de las estructuras que lo ayudaban a sostenerse. Los órganos de alrededor se acomodan para ocupar el espacio, lo que puede traer sus propios síntomas temporales: pesadez, presión, pequeñas pérdidas de orina, un suelo pélvico que se siente más débil o extrañamente tenso mientras se adapta a la nueva disposición. Esto es parte normal de la recuperación, no una señal de que algo salió mal.
Los ejercicios de suelo pélvico son una de las herramientas más útiles para esa adaptación, pero el momento importa. La mayoría de las personas reciben autorización para empezar trabajo específico de suelo pélvico (incluidos los ejercicios de Kegel) alrededor de seis semanas después de la cirugía, y solo con el visto bueno de su médico; antes de eso, el tejido todavía está sanando y necesita movimiento suave, no contracciones. En las primeras semanas, el foco suele estar en la respiración y en caminar despacio, no en hacer ejercicio. Aguantar la respiración al hacer fuerza, forzar hacia abajo y hacer esfuerzo al ir al baño son cosas que conviene evitar al principio, porque cargan justo la zona que se está recuperando.
Una vez que tengas el visto bueno, los ejercicios de suelo pélvico después de una histerectomía funcionan igual que para cualquier otra persona: el músculo no sabe por qué perdió apoyo, solo necesita práctica para volver a encontrar la contracción correcta. Kegelia muestra esa contracción y su relajación con la medusa mientras reconstruyes el hábito, empezando por el programa más corto y fácil y avanzando cuando tu cuerpo esté listo para más. Cómo funcionan los ejercicios de Kegel.
Las primeras semanas: qué esperar
La recuperación depende del tipo de cirugía. Una histerectomía laparoscópica o vaginal suele tener una recuperación más corta que una abdominal, pero a la mayoría se le indica evitar cargar peso durante varias semanas, caminar un poco más cada día y mantener las heces blandas para no tener que pujar. El cansancio es habitual y puede durar más que el dolor de la herida. Un sangrado leve o flujo durante unas semanas suele ser esperable; tu equipo quirúrgico te dirá qué es normal en tu caso.
Llama sin demora a tu médico si tienes sangrado abundante, fiebre, flujo con mal olor, un dolor que empeora en vez de mejorar, dolor o hinchazón en una pantorrilla o dificultad para orinar. No son cosas para esperar a ver si pasan.
Empezar los ejercicios del suelo pélvico cuando te den el visto bueno
Cuando tengas luz verde, empieza acostada, donde el suelo pélvico no tiene que trabajar contra la gravedad. Exhala, eleva suavemente hacia arriba y hacia adentro, mantén unos segundos y luego suelta los músculos por completo y descansa lo mismo que mantuviste. Unas pocas repeticiones bien hechas valen más que muchas cansadas. Un programa habitual para las pérdidas de orina es al menos ocho contracciones, tres veces al día, durante al menos tres meses, pero después de una cirugía se llega a eso poco a poco, no se empieza ahí.
Con las semanas, pasa a hacerlos sentada y luego de pie, y añade algunas elevaciones rápidas junto a las más largas. Si notas que aguantas la respiración, aprietas los glúteos o pujas hacia abajo en vez de elevar, baja el ritmo y vuelve a menos repeticiones, más suaves.
A largo plazo: soporte y prolapso
La histerectomía es uno de los factores asociados con el prolapso más adelante, cuando la parte superior de la vagina o sus paredes pierden parte de su soporte. El entrenamiento del suelo pélvico es un primer enfoque habitual para los síntomas de prolapso, como la pesadez o la sensación de tirón, y mantener el hábito después de recuperarte es una forma razonable de cuidar el suelo pélvico a largo plazo. Un bulto nuevo, o una pesadez que aumenta a lo largo del día, es motivo para ver a tu médico o a un fisioterapeuta de suelo pélvico, no para entrenar más fuerte por tu cuenta.